Finalizó hoy una semana que no fue una más, fue la semana del clásico uruguayo y cada vez que Nacional y Peñarol se enfrentan se paraliza un país entero.

Esta vez la victoria se la llevó el carbonero y como la necesitaba! El equipo mirasol llevaba 12 partidos sin conseguir la victoria frente a su tradicional adversario y los hinchas ya no soportaban mas esa situación.

Desde hace tiempo se pedía un cambio, un nuevo Peñarol o al menos uno que hiciera recordar al Peñarol de los noventas, que volviera a tener los puntos altos que los fanáticos manyas exigen: entrega y sacrificio.

Cuando Damiani fue a buscar a Leonardo Ramos lo que tenía en mente era exactamente eso, un técnico que pudiera transmitir a este plantel de nuevos jugadores lo que quiere el hincha y exige la historia de esa institución.

El cambio se notó desde el arranque de la era Ramos, a lo de la actitud me refiero, lo que más costó fue a eso agregarle orden y un sacrificio bien entendido de los jugadores a lo que el técnico pide con respecto al aspecto táctico del juego.

En el Torneo intermedio se empezó a ver la mano del entrenador, pero el resultado en el último partido no lo acompañó y eso hizo que todo lo bueno se derrumbara como un castillo de naipes.

La paciencia de los dirigentes mantuvo en el cargo al DT a pesar de ese traspié y de la derrota en el clásico amistoso, al final esa paciencia dio un fruto grande y jugoso que se vio reflejado hoy.

El nuevo Peñarol pasó el examen mas grande que debía pasar, romper la racha negativa de años frente a Nacional, sin dudas esto lo fortalecerá para lo que viene ya que se sacó una mochila gigante de encima que le permitirá mirar el objetivo final con una confianza ciega.

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