Este domingo no hubo fútbol en nuestro país por problemas en un encuentro de inferiores que derivó en el paro del gremio de árbitros uruguayo.

Como en todo asunto hay que saber las dos campanas antes de emitir una opinión determinante sobre lo sucedido.

En este suceso en particular una de las versiones dice que la culpa fue del juez (novio de la jueza de línea) que al estar observando el partido y ver como insultaban a su pareja fue a increpar al menor y lo “Zarandeó”, dando comienzo a la trifulca posterior.

La otra versión dice que un padre de no muy buenos valores le dijo al niño: “pegale que sos menor y no te pueden tocar” agitando a su propio hijo para que le propinara golpes y patadas al susodicho árbitro enamorado.

De quien fue la culpa no lo sé, lo que si se es que estos incidentes pasaron el sábado a la mañana y si el gremio quiere parar actividades en solidaridad con sus miembros lo debería haber hecho el mismo sábado al medio día y de esa manera suspender toda la fecha, de lo contrario debería de haber esperado hasta el lunes y luego de reunirse en asamblea, tomar las medidas que creyera pertinente.

El tema de la violencia en el deporte es un tema muy largo como para tratar en esta columna de opinión, las autoridades del deporte rey en Uruguay, deberán tomar nota de lo que ocurrió este fin de semana y seguir buscando la manera de que estas cosas no pasen más.

Lo que tampoco debería pasar mas es que los perjudicados, como siempre, sean las familias y la gente bien, que en un domingo precioso como el de hoy podían haber ido a las canchas de sus equipos favoritos a disfrutar de un espectáculo del cual se vieron privados por la violencia de unos pocos.

 

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